Las redes corporativas han cambiado más en los últimos cinco años que en los quince anteriores. Las empresas han dejado de ser un edificio con un servidor en el sótano y unas cuantas sedes conectadas. Hoy son ecosistemas distribuidos: oficinas, almacenes, trabajadores en remoto, aplicaciones en la nube, proveedores con acceso a sistemas internos, dispositivos IoT… Todo conectado, todo interdependiente.
En ese contexto, la red corporativa no puede ser una pieza
