Mantener la seguridad al ritmo al que evolucionan los ataques es complicado para cualquier empresa. Para el retail, que opera con decenas o cientos de puntos de venta distribuidos, es un reto todavía mayor. No porque no haya soluciones, sino porque la mayoría de los enfoques que se aplican hoy siguen anclados en lo que funcionaba hace años.
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