Ya está aquí nuestra agenda tecnológica mensual con los eventos TIC más interesantes de diciembre:…
La evolución del mercado TI hacia 2026 viene marcada por un entorno dinámico impulsado por la digitalización y la Inteligencia Artificial (IA). Las organizaciones están transformando procesos y automatizando operaciones, pero esta aceleración tecnológica también está ampliando la exposición al riesgo.
En este nuevo contexto, la continuidad de negocio se consolida como una prioridad estratégica. Ya no se trata únicamente de innovar, sino de garantizar que la organización pueda mantener su actividad ante cualquier contingencia. La resiliencia operativa pasa a ocupar un lugar central en la agenda tecnológica.
La adopción de nuevas tecnologías está generando eficiencia y nuevas oportunidades, pero también incrementa la complejidad y la superficie de ataque. Cuanto más digitalizado está un proceso, mayor es el impacto potencial de una interrupción.
Eventos recientes han evidenciado que muchas organizaciones no estaban suficientemente preparadas ante contingencias. Esto está impulsando una revisión profunda de los planes de continuidad, los análisis de riesgos y los procedimientos de recuperación. La resiliencia no puede improvisarse; debe diseñarse desde el inicio.
En 2026 veremos una mayor formalización del mapeo de riesgos y la integración real entre estrategia de negocio e infraestructura tecnológica.
El crecimiento del cloud continuará, pero de forma más sofisticada. El modelo híbrido y multicloud será dominante, combinando cloud público, privado e infraestructura on premise.
Las organizaciones buscarán equilibrar flexibilidad, coste, rendimiento y cumplimiento normativo. La gobernanza del dato y el compliance adquirirán mayor peso en las decisiones arquitectónicas.
En este escenario, la IA será clave en la orquestación de cargas, ayudando a decidir dónde ejecutar cada aplicación en función de criticidad, disponibilidad o eficiencia económica.
A medida que los datos y aplicaciones residen fuera de la red corporativa, la conectividad se convierte en un elemento absolutamente crítico. Sin embargo, todavía existen organizaciones que no le otorgan la importancia estratégica que merece.
La conectividad de calidad implica enlaces bien dimensionados, SLA claros, redundancia real y ausencia de puntos únicos de fallo. No basta con tener conexión; es necesario garantizar disponibilidad continua.
La infraestructura de red debe estar segmentada, controlada y diseñada para soportar servicios críticos. Sin esta base, cualquier estrategia digital queda expuesta.
Las amenazas seguirán evolucionando. Los ataques de denegación de servicio (DoS) continuarán siendo relevantes, y la utilización de herramientas basadas en IA para escanear vulnerabilidades incrementará la sofisticación.
La IA no solo se utiliza para defender; también puede utilizarse para atacar, lo que eleva el nivel de exigencia en materia de protección.
La seguridad ya no puede entenderse como una capa añadida al final. Debe integrarse desde la infraestructura, con análisis de tráfico en el perímetro, detección temprana de anomalías y capacidad de contención.
La ciberseguridad es una solución global que involucra red, centros de datos, servicios cloud y personas. Su eficacia depende de la coherencia del conjunto.
La inteligencia artificial transformará la gestión de redes, centros de datos y servicios cloud. La automatización del despliegue y la gestión de recursos será cada vez mayor, especialmente en entornos multicloud.
La IA permitirá optimizar consumos, redistribuir cargas dinámicamente y mejorar la eficiencia energética en tiempo real.
Aunque todavía en evolución, su impacto será estructural en términos de eficiencia operativa y optimización de recursos.
El responsable tecnológico tendrá que gestionar dos horizontes simultáneos: garantizar resiliencia a corto plazo e impulsar innovación a largo plazo.
La inversión deberá dividirse entre proyectos que aporten valor directo al negocio y medidas orientadas a contingencia y continuidad.
En un entorno hiperconectado, una interrupción de servicio puede tener un impacto reputacional devastador. La combinación equilibrada de innovación y resiliencia será determinante para la competitividad.
El papel del proveedor tecnológico evoluciona. Ya no basta con ofrecer servicios estándar; es necesario entender el negocio del cliente y acompañarlo estratégicamente.
Especialmente en empresas de tamaño intermedio, el proveedor se convierte en una pieza clave para diseñar arquitecturas coherentes y sostenibles.
La hoja de ruta hacia 2026 pasa por reforzar infraestructuras, ampliar capacidades y ofrecer una propuesta integral de alojamiento, conectividad, movilidad y ciberseguridad.
La transformación tecnológica continuará avanzando, pero su éxito dependerá de integrar innovación, gestión de riesgos y resiliencia operativa en una estrategia coherente y sostenida en el tiempo.
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Este post se ha redactado a partir de la entrevista de Comunicaciones Hoy a Jon Arberas, director general de Sarenet, el 29 de enero de 2026.
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