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La ciberseguridad ya no puede entenderse como una suma de herramientas aisladas. Para muchas empresas, especialmente pymes, el verdadero reto está en saber qué riesgos son más urgentes, qué medidas tienen mayor impacto y cómo avanzar sin perderse entre siglas, fabricantes y mensajes tecnológicos difíciles de interpretar.
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En el webinar “Ciberseguridad y protección de datos en la empresa”, organizado por Byte TI, Juan José Rey, director de ventas zona centro de Sarenet, puso el foco en una realidad muy concreta: las amenazas evolucionan, el perímetro tradicional se ha desdibujado y muchas organizaciones necesitan ayuda para convertir esa complejidad en decisiones prácticas.
Durante años, el ransomware ha sido una de las amenazas más visibles para las empresas. El secuestro de sistemas, la pérdida de acceso a la información y la exigencia de rescates han provocado graves consecuencias económicas y operativas.
Sin embargo, Juan José Rey señaló que en los últimos meses se observa una mayor presencia de campañas de phishing y suplantación de identidad orientadas a obtener dinero de forma directa. El objetivo ya no siempre es cifrar sistemas y reclamar un rescate. En muchos casos, el atacante busca provocar una transferencia fraudulenta, acceder a cuentas bancarias o aprovechar una debilidad operativa para monetizar el ataque de manera rápida.
Este cambio obliga a las empresas a ampliar la mirada. No basta con protegerse frente a una amenaza concreta. Hay que trabajar sobre los procesos, los accesos, la formación de las personas y la capacidad de detectar comportamientos anómalos antes de que se conviertan en un incidente.
Otra idea clave de Juan José Rey fue la toma de conciencia sobre el fin del perímetro clásico. Durante mucho tiempo, muchas organizaciones protegían su red como si existiera una frontera clara entre dentro y fuera. Hoy esa frontera es mucho menos evidente.
Los datos están en la nube, en aplicaciones externas, en dispositivos móviles, en equipos de teletrabajo y en plataformas colaborativas. Las personas usuarias acceden desde distintas ubicaciones y los proveedores participan cada vez más en procesos críticos.
Esta realidad exige proteger algo más que la red interna. Hay que controlar identidades, accesos, dispositivos, aplicaciones y datos. En muchas pymes ya existe cierta conciencia sobre este cambio, pero eso no significa que haya una madurez real. Saber que el escenario ha cambiado no equivale a tener una estrategia clara para afrontarlo.
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La pequeña y mediana empresa suele enfrentarse a este reto con menos recursos, menos tiempo y equipos TI más ajustados. Además, el mercado de la ciberseguridad es cada vez más difícil de interpretar. Aparecen nuevas soluciones, nuevas amenazas y nuevos conceptos de forma constante.
Juan José Rey lo explicó de forma muy clara: si incluso los perfiles especialistas tienen dificultades para seguir el ritmo de innovación del sector, para una pyme resulta todavía más complejo decidir qué necesita, qué puede aplazar y qué impacto tiene cada inversión.
Por eso, la respuesta no puede ser incorporar tecnología sin un orden. El primer paso es entender el punto de partida: qué activos son críticos, qué datos deben protegerse, qué accesos existen, qué servicios dependen de terceros y qué impacto tendría una interrupción.
A partir de ahí, la empresa puede avanzar con una hoja de ruta realista. No todas las organizaciones necesitan lo mismo ni pueden abordar los mismos proyectos al mismo tiempo. La ciberseguridad debe adaptarse al negocio, no al revés.
En este contexto, el papel del proveedor tecnológico cambia. Ya no se trata solo de vender una solución, sino de ayudar a interpretar el riesgo, ordenar prioridades y adaptar las decisiones de seguridad a la realidad de cada empresa.
Esa labor de acompañamiento es especialmente importante cuando las decisiones afectan a la continuidad del negocio, la protección de datos, el cumplimiento normativo, la confianza de clientes y la relación con proveedores.
En Sarenet, este enfoque se traduce en cercanía técnica, soporte especializado y soluciones personalizadas. El objetivo no es aplicar recetas estándar, sino ayudar a cada organización a decidir con criterio qué necesita proteger primero, cómo hacerlo y cómo mantener esa protección en el tiempo.
Juan José Rey también destacó un punto especialmente sensible: la desaparición del perímetro obliga a gestionar no solo el acceso de la plantilla, sino también el de colaboradores y proveedores.
En entornos cada vez más conectados, una cuenta mal gestionada, un permiso heredado o un acceso de tercero sin control puede convertirse en una puerta de entrada. Por eso, revisar usuarios, limitar privilegios, ordenar permisos y controlar conexiones externas son medidas básicas para reducir la exposición.
La seguridad no depende únicamente de grandes proyectos. También se construye con buenas prácticas, procesos claros y una gestión rigurosa de los accesos.
Las empresas se enfrentan a amenazas más variadas y a entornos tecnológicos más distribuidos. El ransomware sigue presente, pero convive con campañas de phishing, suplantación de identidad y fraudes cada vez más orientados a obtener beneficio económico rápido.
Para las pymes, el reto principal no es solo tecnológico. Es saber priorizar. Entender qué riesgos son más relevantes, qué medidas aportan más valor y cómo avanzar con una estrategia asumible.
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